Salí del ascensor y sin saludar a los pocos que ya se encontraban en la oficina, me dirigí a los archivadores que están en la planta común. “No se supone que vos estás de vacaciones y que ahora deberías estar volando”, dijo el veterano mala leche que trabaja en el área al costado de la mía, a quien quise evitar. “Como va todo, Monti”, lo saludé sin voltear, buscando mi pasaporte. “Del reculo, ya sabés que con la fusión nos darán una patada en el ano a la mitad de trabajadores”. “La crisis”, respondí sin ganas, nada iba a malograr mi navidad, menos un pesimista como él. “Vos, más que muchos debés andar preocupado”. No respondí, sabía bien a donde dirigía su sarcasmo el desgraciado... “Che, porque si ahora no te alcanzá mirá más tarde... “, continuó.
Le iba a decir que a él qué carajo le importaba mi vida, pero felizmente entró una llamada al celular. “¿Xxxxxxxtx, ya estás en el aeropuerto?”. “Hola Margarita. Aún no, pero ya todo está arreglado”, respondí. “¿Y ya pagaste tu inscripción para el almuerzo de la promo?”. “Aún no”. “Huevoncito te jodiste, Randy solo dio plazo hasta el lunes”, añadió con su voz sexi. “Maldición, Margarita ¿y si le entrego los 150 soles ese rato, crees que haya problema?”. “Ay Xxxxxxxtx —dijo jocosa—. Ja, ja. Ya hice el depósito por ti, no te preocupes”. “Gracias, Margarita, la verdad es que ando con la cabeza a mil por hora cerrando los temas de fin de año”, ”Tampoco te preocupes con devolvérmelos pronto, sé que andas ajustado”. “Bueno sí, ando ajustado, pero ese gasto lo tenía presupuestado así que te lo doy en la reu”.
El día anterior nada más habían depositado el sueldo y ya estaba otra vez en problemas. Es que mi ex mujer (la segunda, porque la primera es más consciente) por sentencia judicial, desde hace 8 meses, me quita el 50% de mi dinero (porque le quedó chico nuestro departamento que también se lo quedó) para alimentar a mis dos engendros, sumando a lo que el estado, sin sentencia pero con descaro, me retira (el 25%) por impuesto a la renta, solo me queda el 25% para hacer magia cada fin de mes sin inflar mucho las tarjetas; aunque, felizmente, con el bono que nos dieron por navidad pude eliminar, esta vez, mis deudas con los bancos y comprar los pasajes aéreos para el famoso reencuentro de la promo; y no quedó diferencia.
Ya había colgado mi compañero de promoción cuando Monti que algo había oído en los días previos retomó punzante la carga sumando risitas: “Así que siempre irás a ese encuentro de exalumnos. Linda tu ciudad, eh, pero, ¡de dónde sacarás para pagar el gasto de tamaño viaje!” Desde hacía un rato había decido ignorar al cerdo ese y por eso no le respondí aunque ganas no faltaban. Sin embargo él continuó dándome cuerda: “Che, yo no voy a ese tipo de reuniones por salud. Me revienta ver como después del almuerzo algunos a quienes la vida les dio todo sacán sus whyskies carísimos y los demás tenemos que gorrear porque no nos alcanzá para más”. “¡Che —respondí molesto imitándolo y solo porque colmó mi paciencia—, la gente de mi promo es de otro costal, nadie necesita aparentar. Somos los sobrevivientes de los paquetazos, crecimos sin cable, sin play station y a pura la leche Enci, somos...(...)!”. “¿Qué es la leche Enci, pelotudo?, estropeó con su pregunta mi discurso.
Le iba a responder, algo alterado, a ese atorrante, pero venturosamente para alegrar la mañana llegó Vanesita, la practicante de 19 añitos que entró a mi área no hace más de un mes. “Hola jefe”. “Hola Vane, siempre puntual”, comenté y ella sonrió como queriendo retomar esa confianza que hace poco perdimos. “Habla goleador, ya está todo arreglado”, apareció Rikky para interrumpirnos con esa frase pegada a mi oído. No se llama así, pero así le digo al sobrino del gran jefe a quien él mismo recomendó para que se foguee en mi área. La verdad es que entre los muchachos le damos el trabajo más suave porque el cerebro no le da para más, no obstante, como sabemos que pronto ascenderá en la empresa, lo tratamos como se debe tratar al futuro Gerente General, es decir, haciéndole toda la chamba. Él le da un beso en la mejilla a Vanesita y bromean con algo que parece ser el point de moda en la ciudad, esas discos donde los chicos suelen ir a bailar los sábados por al tarde.
Al fin encontré mi puto pasaporte, entonces, jalando mi maletín con rueditas, me dirigí hacia mi escritorio, por si había algo urgente que atender aprovechando que ya estaba ahí. De pronto advertí que Vane venía caminando para mi oficina con esa su sonrisa de niña buena, pero disimulando se regresó a su asiento cuando vio entrando a Teresita, la secre del gerente de mi área, quien apurada como suele andar me dijo que su jefe me llamaba. Luego me sostuvo la mirada. “Carla está que te llama, ¿por qué no le respondes?”, añadió. Carla es su mejor amiga y mi primera ex esposa, con ella felizmente no tuve hijos y como siempre estuvo enamorada de mí, no quiso pedir una tajada de mi sueldo judicialmente, pero llama cada tres o cuatro meses, cuando termina con el tipo de turno, y se acuerda de mí, luego quiere que nos veamos; peor aún si estamos cerca de navidad.
“Xxxxxxxtx, qué bueno que viniste a la ofi, imagino que lo hiciste para el sorteo —dijo el supergerente mientras yo asentía—. ¡Y por qué no fuiste anoche!, solo faltabas tú en el equipo. Empatamos 2 a 2 con gol mío en el último minuto”. “Es que tuve que recoger a mis hijos pues su madre no podía...”, respondí. “Helena se llama tu ex, no es así —afirmó él sin preguntar—, ¿sabes que anoche me la encontré en un lugar en el que ella no debía estar y quien la acompañaba no era precisamente su marido?”, insinuó con tino. “Me imagino”, dije sin mucho ánimo, sabía que ella era una perra, un hembrón, pero una perra, sobretodo así de buena se puso cuando terminamos, porque antes apenas era simpática. “No te incomoda si yo entro a jugar en esas canchas, ¿no?”, casi suplicó. “Si a su nuevo marido no le importa, menos a mí”, aseveré con media sonrisa. “Te llamé porque no me llegó el informe de fin de año”, terminó de dar vueltas centrando el punto. Te lo envié por mail, se lo copié a tu secretaria por si acaso y como sabía que ni tú ni ella leen sus correos sino hasta 3 semanas después, lo imprimí y le pedí que te lo entregara, pero seguramente la muy puta olvidó entregártelo después de subirte la bragueta. Eso le iba a decir pero sabía que era mejor, ser prudente: “Se lo dejé a Teresita, tal vez se le empapeló, ahora le recuerdo que te lo traiga”. “Excelente”.
Salí, reputié a la susodicha y me fui a buscar a Pipo, él es uno de los mejores amigos que en esta ciudad encontré y chambea 9 pisos más abajo. Pero antes, en el elevador me encontré con Charly, no se llama así, pero así le decimos, es un tío que debe tener como 60 años y es uno de los capos de la compañía, uno de los pocos superdirectores que piensa, tampoco es que todos sean unas bestias sino la empresa no andaría. “Xxxxxxxtx, ¿postularas al puesto de Gerente en Marketing?”. “Sinceramente, Charly, todos sabemos que ese puesto ya tiene dueño, pero postularé cuando se abra algún lugar en tu equipo”. Se deslizó la puerta, él sonrió y bajó en el piso 7. Ahí mismo entró Fernando. “¡Habla ídolo!”. “Hola Fer”. “¿Tenés el número de las dos eslovacas que sacamos la otra noche?, yo lo perdí”, dijo el otro argentino de la empresa, aunque éste sí es de los nuestros. “Claro te los mando por mensaje de texto”, propuse. “Sos un maestro, eh... y que pena por Vanesita... Monti es un hijo de puta”, susurró con una sonrisa cachacienta y no tuve otra que devolvérsela moviendo la cabeza negativamente.
Se abrió la puerta en el piso 3 y nuevamente timbró el móvil. “Xxxxxxxtx, ¿sigues en la oficina?. ¡Apúrate no vayas a perder el vuelo!” “Sí, Margarita, ya casi estoy saliendo”. Tengo una duda existencial —continuó ella—, no sé si ir vestida de mujer o de hombre”. “¡Carajo, Margarita, estará el padre Oshiro, el profe Aspilcueta, el tío Vignes, tienes que ir de hombre!” “Ay, no sé... ya me teñí y ahora soy pelirroja”. “Bueno, tú ve”. Otra vez colgó, justo cuando llegué al escritorio de Pipo, quien me entregó los dos billetes de a cien. “Si no andaría tan ajustado no te los hubiera exigido de regreso”, excusé. “No te preocupes, una deuda es una deuda —dijo sonriendo después de darme la mano—. ¿Y cómo van las cosas con Vane, sigues tejiendo?”. “Igual”, respondí pensando que si no hubiera sido por el mala leche de Monti, ella no se hubiera enterado que yo era dos veces divorciado y tenía 2 hijos que mantener, eso la asustó un poco, porque los 18 años de diferencia que nos separan no le importaron para nada; obviamente le pensaba hablar de mis chibolos pero cuando ella ya estuviera atrapada en mi telaraña; los chicos que trabajan para mí ya estaban advertidos y ayudaron con la desinformación, pero siempre hay hijos de puta cuya envidia los mantiene vivos, obviamente estos no están en mi área . “Disculpa pero tengo que acabar esta mierda para enviársela a mi jefe (dijo apuntando a la pantalla de su PC) y luego subir a tu piso para el sorteo. ¿Ya arreglaste con Rikky para que te saques el Petrus?”, habló Pipo riéndose cuando yo ya me iba; solo sonreí y continué mi camino. Ya se lo había pedido, sí, y Rikky (quien solo sirve para organizar sorteos, concursos de belleza y trabajo de voluntariado) me dijo que estaba difícil por que otros ya le habían puesto el ojo a la botellita de vino, porque todos sabemos que los sorteos, al menos los premios gordos (así como los altos puestos) ya están todos arreglados de antemano.
Bueno, otra vez en mi piso, encontré a toda la empresa reunida y a cada quien con una copa en mano. Luego del brindis del peso pesado entró su sobrino a realizar el sorteo. Lamentablemente el Petrus se lo llevó uno de los peces grandes tal cual me lo esperaba, aunque el segundo premio, un viaje para dos a Cancún con todo pagado me lo llevé yo. Cuando todos departíamos se acercó Rikky a decirme que lo disculpe pero su tío le había pedido la botella para un amigo suyo, el nuevo Director de Operaciones. “... Pero no podía fallarle a mi jefe”, culminó su frase. “No te preocupes, Rikky”. “Sí me preocupo por eso te separé el viaje esperando que lo puedas usar con Vanesita —retrucó sonriente el futuro Gerente General y yo me cagué de risa.
Como se me hacía tarde regresé a cerrar mi oficina y recoger el maletín, momento en que me percaté que sobre mi escritorio había un pequeño regalito con una tarjeta que decía: “De Vane, para el jefe”. Era un frasco D&G. Yo saqué del bolsillo del saco el paquetito que había comprado para ella y que aún dudaba si debía entregárselo; era otro perfume pero este de mujer y uno muy... muy rico, de esos que dan ganas de desvestirlas así sea usando la violencia, solo al olerlo... y se lo dejé sobre su escritorio, sin ninguna tarjeta; ella supondría que era mío pues una de esa noches que salimos a tomar un café le comenté de los poderes sobrenaturales de esa pócima preparada con tela de arañas, según inventé y ella no entendió aunque se rió.
Atravesé la multitud sin despedirme cuando Gutiérrez, uno de los míos, me interceptó. “Vas muy atrasado al aeropuerto, ¿no quieres que te lleve en mi auto?”, apuntó. “No puedes dejar la ofi, puede que Monti te tire dedo con el supergerente. Mejor llama un taxi para mí, please “Sí, ya lo hice, te está esperando abajo”. “¿No esperarás un aumento de sueldo por esto, no?”, le dije bromeando y el retrucó con un: “¡puta mare!”, cagándose de risa. Subirá pronto con esa actitud, eso ni dudarlo.
Llegué al primer piso buscando el auto color negro de la agencia de taxis que es proveedor de la empresa donde trabajo... sin encontrarlo, pero al acercarme más a la vereda me tropecé con otra sorpresa. Estaba Carla con mis dos hijos y el idiota de su esposo dentro de su nuevo auto comprado obviamente con mi dinero, esperándome. “Creías que te ibas de viaje sin comprarles sus regalos a tus hijos”, amenazó ella saliendo a mi encuentro. “¡Este mes te llevaste más que todos los anteriores, se supone que con ese dinero puedes comprarles un play station 3 a cada uno, y al menos decirles que es de mi parte!”, exageré un poco. “No hijito, ese es mí dinero y me lo gané yo, tú tienes que comprarles un regalo con tu dinero”, protestó al tiempo que mis dos niños venían a abrazarme y el idiota que los esperaba en el auto gritó señalando su reloj: “parece que te quedarás sin reunión de promo... —y añadió—. A propósito, ¿en tu promo ya hay alguien que haya estado en prisión?”. Hijo de puta le iba a decir pero por todas las personas conocidas que entraban y salían de ese edificio no lo pude hacer al nivel de lo requerido. Pero apunté serio: “no, pero puedo ser el primero si sigues jodiendo, total siempre seré el primero (mirando a mi ex)”. “Hey no lo tomes a mal, lo decía por que en mi promoción ya hay dos adentro”. Pobre diablo, me hubiera gustado decirle que su mujer, por ser tan buena como es, lo engaña con quien puede, pero no se lo dije, porque no me iba a creer. Total, eso mismo me sucedió a mí y yo me enteré muy tarde. Claro que yo, antes, también le había rellenado la frente de protuberancias cuantas veces pude, pero eso no cuenta ¡pues soy hombre, carajo! y eso no es infidelidad... ahora da igual, forma parte de los recuerdos que no importan.
“Adivinen qué chicos, nos vamos los tres de vacaciones a Cancún como regalo de navidad” dije y les mostré los pasajes, ellos sonrieron, no les importa, solo quieren pasar tiempo conmigo y ya habrá tiempo para pensar de dónde sacar el billete para el ticket que todavía falta.
Me despedí rápidamente de ellos, porque llegó mi taxi y justo cuando abrí la puerta no sé porque voltee a mirar al piso 12, y desde ahí pegada a una ventana me sonreía Vanesita, haciéndome adiós con la mano. Bueno, sinceramente no sé si sonreía, no lo vi porque estaba sin lentes, pero sí era ella y movió la mano. Tomando en cuenta cómo actuó hoy día, sé que pronto caerá, pero eso ya será después de la reu de la 89... ya está arreglado, a eso se refería Rikky cuando me habló al oído. Es que en este mundo todo se arregla de antemano.
Desde el avión.
Xxxxxxxtx.
Pd. Muchachos, sé que todos tenemos alegrías, problemas y esperanzas, en fin, una vida hecha, pero habrá que dejarla de lado este 26 porque será uno de los recuerdos que sí importan... ahí nos vemos. Ah, ya convencí a Margarita para que vaya vestida de hombre, aunque dice que no promete guardar la compostura después de la primera chela. Nos vemos.
Pd2. El único interés de estas historias es motivarlos a participar, saludos.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
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