Ayer, 26 de diciembre del 2049, cuarenta años después de la última reunión de la promo, fui a mi primer y único encuentro de exalumnos. Y lo hice solo para ver que había sido de la vida de todos aquellos, alguna vez, prometedores adolescentes, luego prósperos empresarios... y finalmente... veteranos de una guerra que nunca sucedió... felizmente.
Entré al local cuya dirección publicaron en el blog y pregunté a un mozo por la promo salesiana. Este se cagó de risa y señaló una mesita con cuatro sillas donde estaba dormido un sexagenario con la boca abierta. Debo ser honesto y confesar que a pesar de tener, el jubilado, el rostro con más arrugas que Carlitos Manrique, pude reconocerlo... era de los nuestros, aunque nunca fuimos amigos, solo compañeros de clase. Entonces le dije a la chiquilla de 18 añitos que me acompañaba y que juró que nadie de mi promo iría, que me dejara solo y que regresara a recogerme únicamente cuando yo la llamara. Ella se dio media vuelta, me dijo “chao papi” y se fue moviendo el cuerpecito.
Me acerqué a despertar al promo: “habla jugador”, le dije poniéndole la mano en el hombro para que despertase. “Hola Xxxxxxxtx”, me dijo de mi apellido usando diminutivo (el cual obviaré por las razones más adelante expuestas). “¿Tu hijita?, preguntó intentando sonreír. “No, jodas”, le dije procurando descifrar la razón por la que él mantenía la boca abierta, los ojos casi cerrados y la cabeza inclinada, los que hacían suponer que estaba dormido. “Tu nieta, entonces”, aseveró convencido, aunque con el balbuceo que la pérdida de dentadura ocasiona a esa edad. “Es mi hembrita”, afirmé mientras me sentaba a su lado, le daba la mano y casi simultáneamente él empezaba a lanzar una carcajada o al menos un sonido desde sus cuerdas vocales que alguna vez debió haber sido eso mismo.
En ese instante, ante mi mirada atónita, una rubia señora se acercó a la mesa y depositó su alguna vez, hermoso cuerpo.
Su traje diminuto y el maquillaje impecable hacían que luzca más joven que nosotros pero evidentemente los años la habían pasado de largo; sin embargo se apreciaba en esas aún delgadas curvas, que en su juventud debió haber sabido cómo usarlas en su propio beneficio y perjuicio del bolsillo de uno de los nuestros. “Disculpe, señora —le dije en tono amable—, pero me parece que se ha equivocado. Esta es una reunión de la promo 89 del Salesiano. Quizás su mesa esté más al fondo”. “Hola Xxxxxxxxtx”, me dijo de mi apellido, también en diminutivo y con una voz que no coincidía con su feminidad. “Parece que no me reconoces, claro que soy de la 89, aunque me hubiera gustado que tú y yo, solitos, hubiésemos estado en la 69… y ahí sí nos íbamos hasta al fondo”. ¡Mierda... lo que me perdí por faltar a las reuniones de la promo! Ahora quién diablos sería el “compañero” que se hizo el change of sex. Pensé rápidamente para tratar de adivinar su nombre o su apellido o su chaplín para no hacer roche y no se moleste (dicen que operadas son más resentidas). “Compadre —grité y traté de salir del apuro mostrándome efusivo—, tantos años que no te veía. Disculparás pero es que te ves tan... (iba a decir una imprudencia, pero lo pensé mejor)... tan sexi”.
Ella, o él, me miró agrandando los ojos, felizmente llegó el mozo para barajar mis irreflexivas palabras, colocar vasos sobre la mesa y preguntar que qué íbamos a ordenar. El cochito mirando el techo pidió un whisky doble con sorbete extra largo y encorvado (imagino para ingerirlo desde su incómoda posición). La compañera pidió un daikiri de fresa y lúcuma con bastante hielo para apagar el fuego que llevaba dentro (eso dijo, yo solo lo menciono) y para ponerme a tono pedí una botella de pisco Italia. “¿No eres tú el que se divorció 8 veces?”, dijo ella jugueteando con su lengua alrededor del vaso vacío que el mesero había acabado de dejar. “recién 7, con la ultima aún no”, corregí. “Que falta de seriedad”, replicó el tío algo irónico, sino molesto, sin entender el mensaje cifrado que ella me estaba enviado.
Preferí cambiar de tema: “¿Qué fue de la vida de fulanito?”, indagué quitándole la vista a la señora. “Paro cardiaco”, dijo el longevo sin dejar de mirar el techo. “Pero murió como debe morir un hombre... en la cama y disparando”, dijo ella coqueta acariciándose la afeitada patilla.
“Eran pareja”, aclaró el tío. “Sí, pero con libertades, por ejemplo, esa noche hicimos swingers y acabamos los 7 en la comisaría”, eliminó toda duda y soltó una risita. Entendí que en lugar de preguntar nombre por nombre, para no enterarme intimidades de cada cual que no venían al caso, era mejor ir al grano. “¿Cuántos de la promo quedan vivos?”, precipité. “Tomando en cuenta a Margarita, solo los tres”, dijo el cochito señalando a la travestida. “¿Y menganito?”, inquirí asombrado pues no hacía más de 20 años que me lo había encontrado con dos chicocas en un night club de los buenos” . “Se suicidó”, replicó. “No se suicidó, él murió en el quirófano luchando por su libertad”, dijo ella”. “”¿Qué estuvo preso?”, pregunté con inocencia. “No, idiotín en el cambio de sexo”. “¡Pero si tenía ya 4 hijos!”, grité sorprendido. “¿Y...? Nunca es tarde para encontrar el lado oscuro, mi querido Anakin Skywalker”, exclamó mirándome a los ojos y relamiéndose los labios.
“Hubo muchas chicas en la 89”, intervino el anciano con acierto. “Sinceramente no sabía”, confesé algo incómodo. “¿No te acuerdas de lo que sucedió en el viaje de promo a Arica? Ahí salieron muchos del clóset, ja, ja”. “Ya cállate, Cochito, con esas historias prehistóricas me haces sentir una anciana. Mejor contemos anécdotas más recientes”, pidió la señora mordiendo el aire al finalizar su frase. No obstante, nos miramos, los tres sin decir palabras. “¿Te acuerdas de la vez que nos fuimos a ese local de Manuel Prado donde nos levantamos unas putitas?”, sugirió el tío y yo me quedé callado. “¡Claro, eso fue hace 40 años, el 26 de diciembre del 2009, si mal no recuerdo!”, añadió. “¡Claro que lo recuerdo!, manifesté emocionado, pero solo por cortesía pues nunca llegué a ir a esa reunión de promo y era obvio que él tío se estaba confundiendo con otro gladiador de la 89. “Yo, mejor me voy”, dijo ella molesta y añadió: “no se cómo aún les gustan las mujeres... aghhhhhh. Se nota que no han vivido lo suficiente”. La señora tomó su celular y se levantó de la silla gesticulando tan agriamente que yo juraba que ella iba a vomitar.
Solos nos quedamos con Cochito, conversando hasta acabarnos la botella de pisco. Ahí me enteré de la vida, obras y muertes de todos los de la 89 y sentí haberles perdido el rastro… hacía tantos años.
Sinceramente debo confesar que lamenté amargamente no haber ido ese 26 de diciembre del 2009 a la reunión (para mala suerte después de esa no hubo otra) por un plancito que se atravesó en mi pródigo caminar, en esos años todavía impúberes; sin embargo, para desquitarme, esa noche del 2049, después de contarle mi descarriada vida a Cochito, él sintió un espasmo, un choque eléctrico, y pensó que se le había revivido el muerto, razón por la que me pidió con lágrimas atrapadas en los ojos que por favor llame a unas amiguitas, de esas sin principios, pero con escrúpulos... sobretodo a la hora de fijar el precio. Viendo la situación lamentable en la que se encontraba, pero comprendiendo que a un amigo no se le puede fallar menos aún en esos momentos, preferí llevarlo a un local donde el amor no se vende, pero sí se arrienda, afortunadamente… al que ciertamente, nunca había ido, pero me habían recomendado algunos otros guerreros salesianos (establecimiento del cual no diré su nombre ni dónde queda, por la propia integridad de Cochito y la dignidad de su señora esposa), en el que pudo apreciar sexo en vivo hasta que lloró emocionado, pues, para más ajetreos no estaba, el buen Cochito. Por esa razón entenderán, señores, que en esta página no puedo dejar mi apellido, porque sé que mi señora entra a este blog muy seguido y yo sí cuido mi vida privada, por ello prefiero mantener mi nombre en el anonimato, como el de la niña de 18, para contarles pronto sus, mojados y ahora míos,
...recuerdos adolescentes.
Xxxxxxxtx
Desde un lugar del mundo.
viernes, 20 de noviembre de 2009
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Quien quiera que fuera el autor de esta cronica futurible, dio en el clavo...es una oportunidad de oro el vernos este 26 de Diciembre en Cusco, hagamos un esfuerzo, saquemos permiso con anticipacion de las jefas, inventemos algo finalmente pero debemos estar juntos en el almuerzo, de ahi lo que venga, si al dia siguiente nos pegan, nos botan de la casa o se convierta en causal de divorcio, no importa, lo que importa es que estemos juntos...
ResponderEliminarUn abrazo para toda mi promocio.
Cuiedense
Jorge Luis Arroyo Roman
Guarda que el 2012 se acaba todo, asi que a asistir a la reunion de los 20 años. Buen alucine Xxxxxxxtx!
ResponderEliminarEduardo